domingo, 10 de abril de 2011

Volver a Rosario (Relato ferroviario)

Publicamos un relato ferroviario que recibimos de nuestro amigo, el ferroaficionado Rubén Pestrín, quien es autor del mismo.

En el texto, acompañado por imágenes fotográficas, Rubén narra las vivencias y sensaciones que como ferroaficionado experimentó en los viajes que pudo realizar a la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.


VOLVER A ROSARIO

LA PRIMERA VEZ

Para el año en el que el seleccionado nacional de fútbol salió Campeón del Mundo por segunda vez en su historia, y yo estaba obligado por un sorteo a ser esclavo de militares de pocos entendimientos, viajé por primera vez a la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe.
En realidad, fue un paso rápido a bordo de un Dromedario de 3CV, de unos buenos muchachos que me acercaron desde la estación de servicios en la que me encontraba, hasta donde tenía que tomar el colectivo que pasaba por Fray Luis Beltrán, lugar al que me dirigía, entre otras cosas a conocer a una dama. Para no ahondar en detalles, que no son motivo de esta historia, digamos que desde General Pacheco a Rosario tuve que hacer dedo pues el Guarda que tenía uniforme de color negro me bajó (en realidad lo hizo con 3 soldados mas) del tren.
A partir de ese día, se sucedieron muchos viajes, todos en el Ferrocarril Mitre, y casi siempre en el servicio de las 10 de la mañana de los sábados desde Retiro y regresaba en el de las 19 horas de los domingos, que tenía parada para bajar pasajeros en Estación Miguelete, situación que me venía bárbaro, porque desde ahí me quedaban 30 minutos de viaje en cualquiera de los colectivos que pasan por la General Paz y las 10 cuadras hasta casa, allá en la Villa Devoto natal; de seguir con el tren hasta Retiro me insumía aproximadamente una hora mas de viaje.
Estos ferroviajes se interrumpieron ese fatídico 10 de marzo de 1993; seguí haciéndolos en mi Renault 4 modelo´79 hasta mediados del año 2001 en que, por cuestiones de la vida, dejé de hacerlos.

Para esa fecha, ya conocía a Alex B., coprotagonista de esta historia.

En octubre de 1989, conocí al Toto A., y desde esa fecha, hasta que cerró la jabonería en la que ambos trabajábamos, se sucedieron innumerables charlas sobre Rosario, su gente, sus mujeres y sus trenes, especialmente de la Estación Rosario Oeste. Jamás, a pesar de haber estado cerca muchas veces, pude conocerla…


APROVECHANDO LA DESOCUPACIÓN

Desde el 19 de mayo de 2010 me encontraba, una vez más, desocupado, así que a cada entrevista que iba, lo hacía acompañado de la cámara fotográfica y un pequeño anotador. Para mediados de agosto, el destino quiso que la última entrevista sea cerca del Obelisco, de modo que rumbeé hacia el bajo disfrutando de todo ese paisaje que tiene la Avenida 9 de Julio, que en la vorágine diaria no solemos apreciar, hasta arribar a esa imponente estación cabecera que tiene el Ferrocarril Mitre en la zona de Retiro.


Una vez allí, ir a la oficina de Ferrocentral a averiguar los horarios de los servicios a la Ciudad que naciera en 1720 como "Capilla del Rosario". ¡Maldición, no se puede ir y venir en el día (debíamos hacerlo por motivos presupuestarios y familiares) con esta empresa ferroviaria!; salí con todo anotadito en mi improvisada libreta.Sabía que TBA tenía un servicio que finalizaba en esa misma ciudad, además, una gigantografía media perdida en el hall de la estación lo confirmaba. Encontré la oficina de informes de Trenes de Buenos Aires, donde me facilitaron un horario, (estaría bueno que la otra empresa lo haga); Nuevamente otra desilusión: Se podía ir y venir en el día, pero entre la hora de llegada y la de salida, el tiempo era escaso.Estuve un rato en cada una de las otras dos terminales ferroviarias, en la del Belgrano soñando que un largo tren azul con una “Nariz de Pala” (Locomotora Diesel Cooper) al frente partía hacia Rosario, (que peloduro que fui cuando a fines de los '80 seguí la sugerencia de uno de los empleados de la oficina de informes de la línea y no lo hice porque “en el Mitre tardás menos”… que peloduro que fui).

Caminando hacia Constitución empecé a pensar en alguna combinación posible. Una vez sentado en un tren del Ferrocarril Roca, saqué los papelitos, la lapicera y comencé a hacer anotaciones cual quinielero y… ¡Sí, se puede ir y venir en el día!, eso sí, hay que hacerlo los lunes con el tren que va a Tucumán y regresar con el TBA que sale de Rosario a la noche, quedando casi unas 6 horas y media para pasear.

A CONSEGUIR LOS PASAJES

Ni bien llegué a casa lo llamé a mi Gran Amigo Alex B., compañero de unos cuantos ferroviajes, ramaleadas y encuentros automovilísticos en distintos puntos del país. La cosa fue mas o menos así: - ¡¡¡¡Alex podemos irnos a Rosario con poca guita, casi sin gastar un sope!!!! , ¿Pero cómo?, ¡Contáme!

Le di los detalles, pero seguro que lo hice tan alborotado que al día siguiente me llamó para entender lo que le conté unas horas antes. En esta nueva charla, convenimos que por cercanía a Retiro, Él iría a sacar los boletos. Días después apareció la confirmación de ya los tenía vía correo electrónico. En el último domingo del mes, en la habitual reunión del A.R.4 M.C., me dijo: -Mirá- y allí estaban frente a mi los dos boletos verdes. Viajaríamos en Primera. No faltaron los reproches de algunos amigos amantes de los trenes “por haberlos dejado afuera”, ni las chanzas de quienes no entienden de pasiones…

LUNES 6 DE SETIEMBRE DE 2010

9:55 horas era el horario de partida, pero a las 9 y a pesar de las demoras del tren eléctrico UGOFE-Roquense ya estaba rondando el Hall Central del ex Central Argentino y sacando fotos. La puerta 8, que da acceso al andén 9 también, aún se encontraba cerrada.


La fila de pasajeros, en esos precisos instantes era de unos 35-40 metros con todo tipo de bagaje, y en constante crecimiento. En un momento abrieron la puerta; cuando todos los integrantes de esa extensa fila ingresaron, una especie de mira boletos comenzó a arengar a viva voz:-¡¡ Vamos que en cinco se cierra la puerta y aunque tengan boleto no entran!! Esta frase se repitió cada vez que el tipo ese individualizaba algún grupito con bolsos y enseres de viaje, provocando gran nerviosismo y corridas innecesarias. La hora de partida se acercaba, Alex B. que desde Muñiz venía con el UGOFE-Sanmartiniano, no aparecía. Lo hizo con gran agitación unos 60 segundos antes de la hora de salida; el motivo de su atraso fue la demora que aquejaba a la mencionada línea. Me volví a preguntar: ¿Para qué la arenga de cerrar la puerta?

Gran emoción al ver la formación estacionada, larga, bien pintadita y con una GT 22 de tiro. La llamada de atención que producían los plásticos transparentes que cubrían todas las ventanillas, se tradujo en una pregunta: ¿Cuántas veces nos cascotearán durante el viaje? (Afortunadamente sólo una, en Rosario).

Subimos, todo se veía tan prolijo y limpio, similar al Gran Capitán pero en verdes tonos, contrastando brutalmente con algunos servicios de Ferrobaires; con otros no tanto.

A las 10:02 se oyen los bocinazos que anuncian la partida, resopla el turbo entregando los caballos necesarios para matar el reposo y, los 12 coches que se ponen en movimiento, siguiendo a la locomotora 9021.

Al ratito aparece el Guarda pidiendo boletos; poco tiempo después, comenzó nuestra inspección recorriendo y fotografiando la formación. Todo luce impecable, en buen estado, manteniendo una uniformidad de color.


AHORA SÍ, ACELERA

En José León Suarez la parte urbana quedó atrás, y mi amigo me comenta:-Ahora sí que va a acelerar, seguro que el maquinista la pone a 90-. Lamento contradecirlo mediante reloj, postes telegráficos y un simple cálculo matemático. Estamos yendo a 50 km/h. A esta altura la ingesta de mate corre más rápido que nuestro ferrocarril.

Seguimos acortando la distancia hacia el sitio que debemos apearnos. Pasan Zárate, Alsina, Baradero, San Pedro (¡¡Cuantas veces que vine de camping hasta acá con el tren azul de 3 vagones!!). Cruzamos los ríos Areco y Arrecifes realizando diversas tomas fotográficas.

Los pueblos siguen pasando lentamente; ahora es el turno del Arroyo del Medio, señal de que ingresamos en la Provincia de Santa Fe. Ya falta poco.

CIRCUNVALACIÓN… A LA VISTA

A lo lejos se divisa Circunvalación, la Avenida que rodea Rosario. Recordando la época de su construcción, en los frenazos que la gente le pegaba al tren girando las manijas de freno, en como saltaban sobre las piedras cundo iba a paso de hombre, la ahora autopista de los eternos pozos siempre en reparación, quedó a nuestras espaldas. Pasamos el llamado Apeadero Sur (Groenewold) y el recorrido que tuerce decididamente hacia el Oeste. –Rubén que pasa, ¿por qué dobla? Si estamos por llegar-.-No Alex, falta como 1 hora todavía, muchos años atrás levantaron las vías que ingresaban directamente a Rosario Norte. De modo que vamos a ir casi hasta Pérez, donde está La Emperatriz y de ahí sí a la ciudad que Rodolfito nos canta que siempre estuvo cerca.

Una, dos, tres veces circulamos por debajo de la también llamada Avenida 25 de Mayo. En el interín, tal como veinticinco años atrás, recibimos los cascotazos de rigor en una de esas volteretas, hasta que por fin, siendo las cuatro con veinticuatro minutos de la tarde, llegamos a la Estación Rosario Norte. Un poquitín menos de 6 horas y media de viaje. Si Don Francisco se enterara…



COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS

Un hervidero de gentes la estación en aquellos instantes; pasajeros que en ese instante éramos historia, otros que se convertían en presente. Familiares, vendedores, personal del ferrocarril, algún perro de vaya uno a saber de quien, mas allá unos equinos. Se sumaba el movimiento ferroviario; Cambio: la locomotora 9021 a galpones. Entra la locomotora 9093.

Media hora después, la mas absoluta calma reinaba en el lugar; sólo algún que otro pájaro sobrevolaba los andenes y vías vacías. Aprovechamos para realizar las últimas tomas, confirmando que muchos de los rieles y cambios son de apenas 1929. ¡¡Felices 81 añitos!!





TENEMOS 6 HORAS

¿Ahora que hacemos?-¿Conocés Rosario Oeste?-,-No-,-Bueno, vayamos a conocer-. Una rápida averiguación acerca del colectivo a tomar, mas fotos, en este caso del lado exterior, de una vaporera embelleciendo el inicio del Boulevard.


El colectivo tarda un poco en aparecer. Una vez arriba, se suceden unos pocos minutos para bajarnos en la primera parada sobre la Avenida Pellegrini una vez transpuesto el camino de fierro de métrica anchura. Lo primero que vemos es el cabín Pellegrini, que no está tan destruído como se podría esperar de nuestra idiosincrasia.


Caminamos hacia el Norte por la zona de vías, esquivamos al ganado lanar que pastaba apaciblemente, y tras unos 300 metros arribamos a la otrora agitada Rosario Oeste. Hoy sólo es abandono y desidia. Durante los aproximadamente 60 minutos que merodeamos por allí, no hubo ningún ferroviario movimiento.








A esta altura de la tarde, 18:20 hs., febo iba camino a desaparecer; el tiempo para recorrer alguna otra estación en forma segura se agotaba a pasos acelerados. En eso pasa por el P.A.N. de la avenida Mendoza un trolebús. Cambio abrupto de planes. A buscar la parada de la línea K (sin simpatías políticas) y ¡¡A viajar en él!! Este medio de transporte tiene un recorrido tipo circuito, motivo por el cual decidimos no bajar en la Ciudad Universitaria, sede en tiempos idos del F.C. Rosario Puerto Belgrano, haciéndolo cuando vuelve a pasar cerca del Monumento A La Bandera. Unas cuadras de caminata y allí nos encontrábamos.

Espectacular, grandioso por donde se lo mire. Lástima que aquí también se olvidaron del pajarito que hizo levantar la vista al General Belgrano para que, en un rapto de inspiración, creara nuestra insignia patria…. ¡¿Cómo que no hubo pajarito?!... ¡¿Cómo que ESA bandera fue diferente en su diseño a la actual?!... ¡¿Cómo que la historia escolar siempre oficial no es así?!... ¡¿Cómo que siempre, sea del color que sea, nos mintieron?! Uy, ¡Qué desilusión!... Me parece que me estoy transformando en un maldito subversivo.

Sin abandonar estas reflexiones, luego de prolongados minutos de contemplación, emprendimos la retirada por la pasarela contraria al Paraná, desembocando en la Peatonal. Parada relativamente veloz en una famosa hamburguesería utilizando un vale 2x1. Ojeada al mapa. -¿Alex te bancás caminar unas 30 cuadras, más o menos rápido?- -Sí, ¿A dónde vamos?, ya con la veloz marcha iniciada le comenté: -Hasta donde el Ferrocarril Santa Fe tenía su terminal-.Casi cuando Cronos indicaba una treintena de minutos (¡¡¡Grande Alex!!!) llegamos a la Mariano Moreno. Como en otros sitios, acá también una terminal ferroviaria pasó a serlo con los micros. Afortunadamente, la municipalidad local la conserva en buen estado e iluminación; también los hace con los galpones, (que el F.C. Belgrano clausuró definitivamente en 1987) de dicho ferrocarril provincial, con el reciclado de esto en forma del Centro de Convenciones “Patio de la Madera”.


EL LECHERO DE LOS TAMBOS IMPORTANTES

Así bautizamos a la escuálida formación de T.B.A., pues se detendría sólo en las localidades con mas habitantes del trayecto y de Zárate para adentro se transformaría en “El Rápido”.

La estación que supo pertenecer al F.C. Buenos Aires y Rosario., decididamente no era la misma de apenas 6 horas atrás. No había nadie; bah, éramos unos pocos (el vagón nunca se llenó). Bocinazo a la hora señalada (22:50) y la A.L.Co. andaluza que tira delicadamente, rompiendo el reposo de los impecables furgón/generador y pullman. Transitamos como si lleváramos 40 tolvas cargadas a tope con piedras. En una de esas volteretas traspasando Circunvalación, nos detenemos unos instantes, para arrancar hacia atrás. Recorrido un buen trecho en esta dirección, que a juzgar por la tranquilidad del resto de los pasajeros parece ser habitual, nueva detención y a marchar al frente. El motivo de esta maniobra, es para ambos, un misterio no resuelto aún. Al poco de abandonar el Apeadero Sur, donde se incrementó en 4 ó 5 la cantidad de pasajeros, con la ronda de cimarrones en apogeo pleno, apagaron las luces para que el que lo deseara pudiera dormir…. Cambio de yerba, reposición de agua caliente y la vuelta de amargos continúa bajo la luz individual. Estamos asombrados: el ritmo de rodaje es elevado (No Don Savio, no es tan alto como para empardar sus logros. Es nomás para estos tiempos modernos), cuando, cual calle del conurbano bonaerense ¡¡La vía se llenó de baches!! Empezamos a saltar como si estuviéramos en el Samba del viejo Ital-Park. Quizás mas. Es espectacular la filmación lograda por mi amigo, no por la imagen pues continuábamos a oscuras, sino por la cantidad y diversidad de sonidos producidos por los distintos golpes que originaban “esos baches”.Esta situación se prolongó un buen rato, para que el que lo deseara… no pudiera dormir…bah, salvo agarrarse bien del asiento para no caer, otra cosa no se pudo hacer.

Poco a poco se sucedieron las paradas programadas con escaso o nulo movimiento de personas, deglutiéndose con ello la larga noche sin sucesos interesantes.



EN 1988...

sale al mercado discográfico el LP Tonto Rompecabezas de Memphis La Blusera. En él cantan en el Blues de Rosario,-para que seis horas de tren-.Si escribieran hoy el tema deberían entonar –para que casi nueve horas de tren- (Partimos 22:50 hs . Llegamos 7:36 hs.). La diáfana mañana nos facilita las ulteriores tomas.




Los últimos en abandonar el andén somos nosotros; lo realizamos despaciosamente, como resistiéndonos. A Alex B. le resta acercarse a la terminal “provisoria para siempre” del San Martín para llegar a su hogar. La línea C de subterráneos, más el tren del Roca eléctrico ramal Glew/A.Korn es lo que me resta a mi. Algo cansado pero inmensamente feliz arribo a casa, y si creían que me olvidaba,…conocí a la señorita en cuestión, a su mamá, que estaba mucho mejor, y unas cuantas damas mas entre San Genaro, San Genaro Norte y Las Rosas, y aún mantengo amistad con algunas de ellas.

Rubén Pestrín

16 de marzo de 2011

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