jueves, 26 de julio de 2012

El reloj de la estación (Poesía ferroviaria)


En esta entrada, publicamos una hermosa poesía que fue escrita por Carlos Alberto "Beto" Martino, ex ferroviario residente en Navarro, provincia de Buenos Aires, responsable del Museo Ferroviario de Navarro.
La poesía está dedicada al reloj de la Estación Navarro del Ferrocarril Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires, luego Ferrocarril Belgrano.

EL RELOJ DE LA ESTACIÓN

Hace casi una centuria
en la lejana París
fue allá en la casa matríz
donde la forma te dieron
y en un barco te trajeron 
a mi querido país.

Con leyenda de "muy frágil"
en un seguro cajón
llegaste en un vagón
fue la vía tu camino
Navarro fue tu destino
y "la trocha" tu estación.

Una vez que te instalaron
tu fama tocó la cima
la gente a verte se arrima
y no saben de que forma
das hora a la plataforma
y también a la oficina.

De todos la admiración
así empezás a ganarte
hora exacta de tu parte
da confianza y precisión
y en esa hermosa estación
nadie pasó sin mirarte.

Fuiste el orgullo del jefe
que parado en el andén
supo mirarte muy bien
y de su exactitud se jacta
cuando dabas la hora exacta
para despachar el tren.

Te observa el guarda y coteja
con su reloj de bolsillo
y en aquel acto sencillo
te demostró su confianza
y de acuerdo a tu ordenanza
hizo sonar su silbido.

Resopló la vaporera
con poder extraordinario
encabezando el tren diario
que hizo progresar la zona
el maquinista se asoma
y al mirarte dice ¡a horario!.

El cambista te controla
porque el tiempo no le sobra
siente al ponerse la gorra
que de la playa es el dueño
y pone todo su empeño
en activar la maniobra.

Y el capataz de cuadrilla
con su mirada muy pronta
con el suyo la confronta
y la zorrita acelera
llegar a destino espera
sin que venga tren en contra.

Y así a tu dulce compás
con ese ritmo profundo
sin descansar ni un segundo
con trabajo y con amor
mi patria tuvo el honor
de ser granero del mundo.

Pero un día los cipayos
que no conocen decencia
con mezquinas apetencias
empezaron a destruirnos
y con engaños a hundirnos
en la fatal decadencia.

Comenzaron por cerrar
"ramales improductivos"
ferroviarios serían "chivos"
que expiarían sus codicias
y con brutal avaricia
armaron lo destructivo.

Revolotearon caranchos
sobre tu vieja estación
y viste con desazón
que robaban y destruían
y tu corazón herían 
sin ninguna compasión.

Así un día te paraste
y de injusticias ya harto
diciendo yo no comparto
lo que hacen estos malvados
y te quedaste parado 
a las cinco menos cuarto.

Pasó tal vez mucho tiempo
por tu justa rebeldía
pero observaste un día
con esperanza y asombro
a alguno que puso el hombro
porque arreglarte quería.

Desde puntos muy lejanos
turistas y visitantes
que mucho admiran el arte
vienen a ver el museo
y expresan con su deseo
funcionando contemplarte.

Y casi igual que a Pinocho
vino a salvarte el doctor
y poniendo lo mejor
artesanía y paciencia
pero además de su ciencia
sobre todo puso amor.

Pues todos querrán saber
como se llama ese hombre
pero que nadie se asombre
yo agradezco su gauchada
y sepan que no cobró nada
Eduardo Luque es su nombre.

¡Gracias Ingeniero!

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